VENANCIO COÑUEPAN: «EMPRESA INDÍGENA ES AUTONOMÍA REAL Y EQUILIBRIO CON EL ENTORNO»

Abogado mapuche y co-creador de Empresas i, plataforma pionera para el impulso de la economía de pueblos indígenas, que apoya compañías donde la sostenibilidad y el propósito están intrínsecamente conectados con la propiedad.

Abogado mapuche y co-creador de Empresas i, plataforma pionera para el impulso de la economía de pueblos indígenas, que apoya compañías donde la sostenibilidad y el propósito están intrínsecamente conectados con la propiedad. 

Por: Equipo Purpose LatAm

“Soy la quinta generación de mi familia que lleva el mismo nombre. El primer Venancio Coñuepan fue compañero de Bernardo O’Higgins en un colegio que estaba en la frontera mapuche-chilena… Fueron amigos y lo apoyó en las batallas de la Independencia, cuando O’Higgins fue exiliado, mi pentabuelo le ofreció asilo en el Estado Araucano.” El peso de la tradición es algo que Venancio Coñuepan Mesias (abogado y director ejecutivo de la Fundación Empresas Indígenas) conoce desde siempre. 

“La wünelfe o estrella de ocho puntas en nuestra bandera refleja el lucero de la mañana, pero también el ciclo de nuestras familias, la historia intergeneracional”. Venancio ha estado involucrado con los pueblos indígenas en diversos organismos de Gobierno y la sociedad civil: “No hay un diálogo entre pares si solo dependemos del Estado. Entendí que para avanzar en igualdad de condiciones nos sigue faltando la autonomía económica”. 

“Nuestra mirada va más allá de la nación mapuche y de Chile. Latinoamérica tiene una precarización transversal de los pueblos indígenas, porque la autonomía política está desconectada de la económica. Hay mucho reconocimiento jurídico y de derechos, pero no el sustento para implementarlos. Sin la capacidad de generar recursos, la autodeterminación no se concreta. Con ese objetivo creamos la Fundación Empresas i (Indígenas)”. 

¿Qué define a una empresa indígena?

A nivel internacional existe una red de ONGs que promueve el desarrollo de los pueblos indígenas y minorías, bajo el concepto de “ proveedores minoritarios” que conectan a empresarios y grandes compañías conscientes de que la diversidad de sus países también esté en sus cadenas de suministro. “Muchas empresas entienden que la sostenibilidad corporativa no puede desconectarse de las comunidades en donde operan”, señala Venancio.

“En Australia, por ejemplo, el 5% de las compras del Estado deben ser para empresas de pueblos indígenas. Gracias a ese impulso, hoy más de 20 mil compañías que generan 7 billones de dólares australianos para estas comunidades. Canadá, Reino Unido y EEUU también certifican empresas basadas en la propiedad, donde más del 50 % de una compañía debe estar en manos de personas indígenas. En Chile queremos replicarlo, pero además creamos la figura de Empresa i, que al estructurarse bajo valores y conocimientos ancestrales considera un cuádruple impacto: ambiental, social, económico y cultural”. 

“La arista cultural es parte central del ser indígena: nuestros pueblos tienen una conexión profundamente espiritual con el lugar donde viven. Crear empresas con esta visión desencadena un impacto positivo en los territorios, empleando a más personas de las mismas comunidades, dinamizando sus beneficios, integrando y conservando conocimientos tradicionales y las figuras de las autoridades ancestrales. Una certificación como Empresa i da cuenta que son compañías viables, tanto económica como culturalmente”.

Una idea tradicional de empresa y mercado no calza con la cosmovisión indígena en términos de propiedad, gobernanza o sostenibilidad. ¿Cuál es la principal diferencia y cómo pueden congeniar estas dimensiones?

«La diferencia entre ser indígena y el resto de los pueblos es la forma en que se posiciona la persona dentro de ese mundo. La visión antropocéntrica disponiendo de todos los recursos no calza en nuestra relación con el entorno. Conceptos occidentales actuales como la biodiversidad son en realidad tradiciones ancestrales. Pese a ser el solo el 5% de la población mundial, los pueblos indígenas mantenemos en nuestros territorios el 80% de la diversidad biológica del planeta.

Para Venancio, la reciprocidad es otro principio fundamental. «Ahí donde corté, vuelvo a sembrar. Llevar esta idea a la empresa es muy potente: comprender que eres parte de un entorno tiene consecuencias desde el impacto en la naturaleza a los salarios de tus trabajadores. La diferencia entre una empresa indígena a una tradicional es que vas a encontrar en ella este ‘código cognitivo sostenible’, una manera de gestionar en armonía con el mundo donde te desenvuelves, un propósito inserto en cada una de tus actividades«. 

«Lo que queremos hacer como fundación es desarrollar ese ecosistema a través de dos ideas bien avanzadas: la primera es Taiñ Lawentuwün, una red de centros de salud mapuche formada en 2017 que ganó una garantía del Estado por cerca de 120 millones de pesos, pero así y todo la banca no le otorgó préstamos, lo que evidencia otro problema que enfrentamos los indígenas desde el prejuicio y el racismo».

«Otro proyecto que impulsamos es la Forestal Indígena Nativa, que tiene por cierto un nombre provocador. Su sigla es FIN porque queremos encarnar el fin del modelo extractivista de monocultivos. Busca sanar el territorio reforestando bosque nativo sin dejar de lado la perspectiva de negocio: medicina, alimentación, turismo sustentable, venta de bonos de carbono. Podemos ser el primer garante de conservación indígena del país y colaborar mitigando el cambio climático».

“Me gusta usar como ejemplo de esta filosofía a los caballos, que son vitales para el mundo mapuche. Por múltiples generaciones han sido transporte, comida y su comercialización fue la base de nuestra economía durante el siglo XIX. Cada lonko tenía miles de ejemplares y en la guerra llegaron a tener más que los españoles. Lo interesante es que el caballo llegó desde Europa y fue un recurso que nuestro pueblo aprovechó con éxito para su beneficio. Usando nuestras formas y conocimientos, las empresas pueden ser los caballos de este siglo”.

«Hablar de propiedad responsable es como decir ‘propiedad mapuche’, porque apuntamos orgánicamente a lo mismo: la empresa no como un objeto sino como una herramienta de crecimiento y bien común«VENANCIO COÑUEPAN, CO-CREADOR FUNDACIÓN EMPRESAS I

¿Dónde se conecta la visión de las Empresas i con los modelos de Propiedad Responsable?

«La vida mapuche es en sí misma responsable. Es una existencia conectada con el entorno, porque no somos los dueños del territorio sino sus hermanos. Para mí, hablar de propiedad responsable es como decir ‘propiedad mapuche’, porque apuntamos orgánicamente a lo mismo: la empresa no como un objeto sino como una herramienta de crecimiento y bien común. Eso establece un compromiso de largo plazo».

«Para consolidar esto falta una visión con mayor respeto. El mundo occidental abraza cada vez más conceptos ancestrales y utiliza nuestro lenguaje y estética en sus marcas. Pero si te sirves de la imagen y la palabra indígena sin incorporar a las personas de ese mundo, caes en la apropiación cultural. No puedes simplemente inspirarte en comunidades sin hacerlas parte de tu toma de decisiones como empresa. Eso no es ‘buenismo’ sino un reconocimiento genuino como stakeholders que también permiten su funcionamiento».

«Los indígenas tenemos conocimientos ancestrales de desarrollo sostenible, pero no toda la formación económica validada por el mundo occidental, mientras al otro lado está esa expertise y el dinero, pero no una conexión armónica con los demás, y vemos cómo ese sistema al perpetuarse termina depredando el planeta. Un intercambio de valores puede reconstruir una economía en equilibrio con el mundo.

“Nuestro sueño es que cuando existan muchas Empresas Indígenas y Empresas i, podamos tejer una red que multiplique este propósito e inspire a nuevas generaciones, ya no solo indígenas, a hacer empresa en esta nueva forma… que si lo pensamos bien, es la forma más antigua de todas”.

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