BOSCH Y EL ÉXITO GLOBAL DE LA STEWARD-OWNERSHIP

¿Sabías que la reconocida compañía alemana es una empresa de steward-ownership? Su larga tradición innovadora no solo está reflejada en sus productos, sino en una estructura de propiedad y gobernanza que constituye un ejemplo pionero de independencia y orientación al propósito.

¿Sabías que la reconocida compañía alemana es una empresa de Propiedad Responsable? Su larga tradición innovadora no solo está reflejada en sus productos, sino en una pionera estructura de propiedad y gobernanza que constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de independencia y orientación al propósito. Ésta es su inspiradora historia.

Por: Equipo Purpose LatAm

El Grupo Bosch es sinónimo de liderazgo mundial en tecnología y servicios. Presente en más de 60 países, emplea a casi 400.000 personas y durante 2020 registró ingresos por ventas superiores a los 71 mil millones de euros. Sus áreas de producción abarcan desde electrodomésticos y equipos médicos a industria automotriz y aeronáutica. En hogares de todo el mundo pueden encontrarse fácilmente artículos de la marca.

Su fundador, el ingeniero e inventor Robert Bosch, fue dueño y director de la compañía desde su formación en 1886 hasta su muerte en 1942. En vida fue un industrial pionero en avances sociales como la jornada laboral de 8 horas, la capacitación permanente de los trabajadores y la donación a causas benéficas. Varios años antes de su fallecimiento, interesado en perpetuar su legado, sentó las bases para el futuro gobierno de la empresa experimentando con diferentes formas de propiedad.


Robert Bosch

Inicialmente vendió acciones a sus gerentes pero notó que, al adquirirlas, estos cambiaban su comportamiento en la toma de decisiones, concentrándose más en los índices financieros inmediatos que en el bienestar general de la compañía que había creado. En su discurso al cumplir 80 años, expresó sus intenciones para el futuro de Bosch: “Les pido que compartan este espíritu de dedicación a nuestra causa común […] y que continúen con él, por el bien de todos y cada uno de los asociados y por el bien de la empresa que, como obra de mi vida, está tan cerca de mi corazón”.

Robert Bosch deseaba proteger su forma de hacer empresa, incluso cuando ya no estuviera presente. En su testamento, sugirió una serie de estructuras corporativas para lograrlo y dotó a un grupo de albaceas con la facultad de reformular la compañía conforme a sus deseos. Tras la muerte de Bosch, este grupo decidió implementar un modelo de trust-fundación -descrito en el testamento- para garantizar el éxito a largo plazo de la organización y cumplir con sus intenciones filantrópicas.

Mediante la administración de stewards o custodios, la empresa conserva los valores y propósito de su gobernanza original. La estructura de Propiedad Responsable ha asegurado la independencia empresarial de la compañía y, a la vez, ha mantenido sus vínculos con la familia Bosch, utilizando sus dividendos para apoyar las causas benéficas y sociales que formaban parte de las motivaciones de su fundador, 134 años después de su creación en Stuttgart.

¿Qué vuelve tan especial el caso de Bosch en el mercado actual? El Presidente de Robert Bosch GmbH, Franz Fehrenbach, destaca como punto central de su naturaleza corporativa la separación de los derechos económicos de los derechos de voto, algo transversal a los modelos de Propiedad Responsable: “Quien haya tenido la idea en 1964, cuando se desarrolló nuestra constitución, lo hizo muy bien, pues la fundación que posee las acciones de capital no puede interferir con nosotros, que tenemos el poder de voto. Y viceversa”.

La fundación Robert Bosch Stiftung posee el 92% de las acciones de la compañía, mientras que Robert Bosch Industrietreuhand KG tiene el 93% de los votos. Los porcentajes restantes de los derechos están en manos de la familia Bosch, manteniendo el vínculo con sus nuevas generaciones. De esta manera, la empresa tiene dos “corazones” que se complementan pero no interfieren entre sí, asegurando que que el incentivo de la toma de decisiones esté en el propósito de largo plazo de la compañía


Franz Fehrenbach

Este fideicomiso o trust, es encabezado por Fehrenbach (quien lleva 47 años en la empresa) junto a otros 9 integrantes entre personas largamente vinculadas a la organización y profesionales externos de gran experiencia, cuya presencia ayuda a ampliar la visión de este “timón” corporativo y evitar que su conducción caiga en sesgos internos. Un dato clave: ninguno de estos stewards o custodios posee acciones de capital en Bosch.

Ante esta descripción es natural plantearse dudas: suena bien poseer todo el poder de voto, pero si no existe incentivo económico, ¿qué motiva entonces a estas personas en su toma de decisiones dentro de la empresa? El mismo Franz Fehrenbach lo responde: “Nuestra única misión es cuidar la existencia de Bosch en el largo plazo. Esa es mi motivación de cada día, soy una persona de convicciones y estoy convencido con cada fibra de mi ser del concepto tras esta compañía, así como extremadamente orgulloso de lo que hacemos”.

“Todo ciclo empresarial conlleva la pregunta ‘¿Qué hacemos con el dinero que generamos?’ y cuando tienes un objetivo claro como organización y entendemos su impacto en las personas, en el medioambiente, invertimos en el futuro. Más del 10% de nuestro presupuesto va directo a investigación e innovación, y registramos un promedio de 11 patentes industriales por día mientras la fundación expande su labor benéfica. Es el tipo de cosas que podemos permitirnos por la forma en que cuidamos nuestra conducción”.

«Donde no hay sentido de pertenencia, el dinero está sobrevalorado como incentivo».FRANZ FEHRENBACH, PRESIDENTE DE ROBERT BOSCH GMBH

Gracias a su estructura de propiedad, diseñada para servir a los intereses de la empresa a largo plazo y no al lucro inmediato de inversionistas externos, Bosch ha podido invertir fuertemente en su propio desarrollo sin la presión de informes trimestrales o valoraciones bursátiles. Aunque estas inversiones redujeron significativamente la rentabilidad de la empresa a corto plazo, su crecimiento más lento -pero sostenido y resiliente- terminó dándole la ventaja competitiva de la paciencia en su toma de decisiones estratégicas, como la apuesta por tecnologías verdes décadas antes de que se convirtieran en tendencia.

El modelo de Propiedad Responsable ha asegurado la libertad empresarial de la compañía a largo plazo, protegiendo de forma permanente la misión humanista e innovadora de Robert Bosch. Su carácter vinculante garantiza que la empresa nunca pueda ser vendida a inversionistas externos. Su visión corporativa, comprometida con un éxito económico y social, ha posicionado a esta multinacional como líder de su industria, algo que llena a Franz Fehrenbach de satisfacción:

“Estamos tan motivados y competitivos como una sociedad anónima que cotiza en bolsa, pues tenemos la presión de financiar nuestro crecimiento con nuestras propias ganancias pero también la autonomía para fijar nuestros propios objetivos. Donde no hay sentido de pertenencia, el dinero está sobrevalorado como incentivo. Para mí, no hay una mejor manera de hacer empresa”.

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